Los Lobos y el Asno Enfermo
Hijos míos —dijo un asno, que enfermó repentinamente—, siento que voy a morir y, cuando ello ocurra, no permitan que los lobos devoren mi cuerpo.
La noticia de la gravedad del jumento voló —como pluma que lleva el viento—, a los oídos de unos lobos hambrientos que pactaron hacerle una visita con el fin de montar un festín.
Cuando un joven asno abrió la puerta, uno de los carniceros anunció:
—Venimos a saludar a tu padre, gran amigo nuestro.
Al escuchar las voces, el hijo mayor asomó la cabeza por la ventana y contestó:
—Señores lobos, mi padre no está tan grave como ustedes lo desean. Necesita reposo y no los recibirá.







