Categoría: Fábulas de Esopo
Un león hambriento, viendo que no le era fácil subir a los riscos en que pastaba una cabra, se fue acercando poco a poco.
Al hundirse una nave con todos sus pasajeros, un hombre, que presenció el naufragio desde la orilla, dijo para sí:
Al salir doña Cabra del establo encargó a su hijo el cuidado de la casa, advirtiéndole el peligro de los animales que rondaban con intención de entrar en los …
Vivían muy felices las ranas de Ranilandia en sus lagunas azules, cuando en mala hora, pidieron a Júpiter les enviase un rey.
Un ciego poseía el don de reconocer al tacto a cuanto animal se le acercaba, y era tal su destreza que aún podía decir a qué especie pertenecía.
Bibí, un jumento de Asnolandia, se vistió cierta vez con la piel de un león que encontró en el camino.
Vivían en cierto corral varias gallinas: unas gordas y bien cebadas, y otras, por lo contrario, flacas y desmedradas.
Un hortelano tenía un enorme perro como guardián de sus cultivos. El can era tan bravo que ningún ladrón se atrevió a escalar el cerco de sus sembríos.
Un muchacho cabrero que reunía su rebaño para llevarlo al aprisco, advirtió que una cabra se entretenía comiendo la hierba tierna en el prado.