La Apuesta

—¿Estás loco? —le reprocharon sus compañeros. Pero él insistió en su empeño y apostó su mejor anillo.
Al día siguiente, recordando la extraña apuesta y ya arrepentido, buscó a Esopo, a quien dijo:
—En un momento de embriaguez insistí en beber toda el agua del mar, ¿podré sostener mi apuesta?
—Cita a tus compañeros a la orilla del mar —contestó Esopo—. Manda colocar una mesa con vasos y jarras y, cuando estén todos, diles:
—“Yo, amigos míos, aposté beber el agua del océano, mas no de los ríos y arroyos que bajan a él. Contengan su curso en seguida y verán que sí cumplo mi promesa.”
MORALEJA
Díjome mi abuela que porfiase, pero que nunca apostase. Clic para tuitear





