El Gorrión y la Liebre

Así le decía un gorrión a la liebre que, con ayes lastimeros, se quejaba entre las garras de una águila.
Luego, saltando de aquí para allá en aparente júbilo, el gorrión la censuraba.
—¿Caer de esa manera? Tú tan ligera, tan ágil; tú tan corredora; tú tan hábil para huir; tú tan…
Un gavilán, que pasaba en ese instante, escuchó a la distraída avecilla; cayó sobre ella y la llevó por los aires.
La liebre, que se percató del hecho, decía en su agonía:
—Muero, pero me llevo el consuelo de ver que le espera muerte parecida al mal amigo que, en vez de auxiliarme, se burlaba de mi desgracia.
MORALEJA
Quien muerte ajena espera, es la suya la primera. Clic para tuitear





