El Viejo y el Asno

Publicado el May 26 2016 - 1:09pm Por Kev

Fabula El Viejo y el Asno

Fábula Fabula El Viejo y el Asno

Un viejo y su hijo llevaban al mercado un asno para venderlo. Iban a pie para no fatigar al animal, pues pensaban que, al llegar descansado, se recomendaría solo en las ventas de la feria.

A poco se encontraron con unas mujeres, que comentaban la torpeza de caminar a pie teniendo tan buena cabalgadura.




El viejo, al oír el comentario, mandó a su hijo que montara en el burro. Después de andar algún trecho, pasaron cerca de un grupo de ancianos, quienes también criticaron la acción del mozo que iba montado, mientras que su anciano padre iba a pie.

Entonces, el viejo hizo desmontar al hijo y subióse él sobre el jumento. Más adelante, hallaron un grupo de muchachos que, al verlos pasar, trataron al viejo de inhumano, ya que iba muy cómodo sobre el pollino, mientras que el zagal apenas podía caminar por el cansando.

Al buen viejo le pareció haber encontrado el secreto de complacer a todo el mundo, haciendo que el mozo montase en el anca; cuando un hombre, dirigiéndose a ellos, les gritó:

—¿Cuál de los tres es el asno?

Sintióse el viejo muy contrariado con esta pregunta burlo- na. También un vecino manifestó su parecer diciendo que era una barbaridad cargar de aquella manera a un animal tan pequeño y débil.

El viejo encontró razonable la observación y, para evitar que el jumento muriera en el camino, decidió llevarlo cargado hasta la feria.

Entre él y su hijo ataron al animal con una cuerda y, toman¬do en hombros una extremidad cada uno, fueron trabajosamente llevando a la bestia en dirección al pueblo.

Entonces sucedió que una procesión de curiosos les seguía haciendo bromas, al ver que dos personas llevaban un asno a cuestas.

Finalmente, al pasar un puente, el burro hizo un esfuerzo para recobrar su libertad y, asustado de tanto alboroto, cayó al agua y se ahogó.

El pobre viejo, por pretender complacer a todos, perdió su asno. Por ello conviene no ser demasiado complaciente cuando se tiene Ia razón.

Moraleja

Si a todos has de agradar, a nadie podrás contentar.

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