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La Sombra del Asno Un hábil comerciante contrató los servicios de un arriero y de su asno para transportar su mercadería por el desierto. —Es muy ardiente este sol y no se vislumbra ningún oasis para aplacar la sed —pensó el comerciante, dando muestras de agotamiento. Entonces el mercader, falto de fuerzas, se sentó en el suelo para tomar un respiro a la sombra del jumento. El dueño del asno, no menos achicharrado, lo empujó con violencia para hacerse sitio, diciéndole: —Yo...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “Los Caminantes”Los Caminantes En armoniosa compañía dos caminantes hacían su jornada cuando uno de ellos halló un bolso de dinero. —Feliz hallazgo hemos tenido —exclamó el otro con alegría. —¿Hemos? —expresó con burla el afortunado— solo yo soy el feliz, pues yo lo encontré. Con semejante advertencia quedó corrido el compañero. De pronto divisaron, no muy lejos, un trío de ladrones. —Perdidos estamos —gritó...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Asno, el Perro y el Lobo”El Asno, el Perro y el Lobo Caminaban penosamente bajo el Sol, un asno con su carga y el amo seguido del perro. Llegados a la pradera, el amo cansado se echó a dormir; el burro, entonces, se puso a pacer libremente y solo el perro quedó en peor estado que cuando andaba. —Compañero, amigo —le dijo al asno— ¿por qué no me haces un espacio para tomar algo de la cesta? El burro respondió, —¿por...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “Las Buenas Compañías”Las Buenas Compañías Dos muchachos que jugaban alegremente en el campo se detuvieron de pronto junto a unas zarzas y empezaron a discutir: —¡Oh, mira que rosa mas bella! —¿Serás ciego? No es una rosa, sino un cardo—repuso el otro. —Pero tiene olor de rosa —insistía el primero. —Es porque durante un tiempo estuvo con ella. —¿Sabes que estás en lo cierto? ¡Mira, he tomado un cardo por un...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Jilguero Tímido”El Jilguero Tímido Entre las aves canoras, el jilguero es el más tímido. A la insinuación de todas siempre respondía: —Jamás cantaré para ser objeto de burla. —No temas, jilguerito; canta y verás que nadie se reirá, le decía un perico, y una cotorra agregó: —Una vez te oí cantar en el bosque y tus gorjeos me embelesaron, ¿por qué no cantas ahora? Llegó el ruiseñor y esparció un torrente de...