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El Caminante y la Fortuna Después de una jornada de fatigosa caminata, un viajero, que venía de tierras lejanas, se recostó sobre el césped que crecía alrededor de un pozo. Como estuviera casi agotado, quedóse profundamente dormido. En sueños se movía de un lado a otro, con peligro de caer al hoyo que no tenía cerco de seguridad. La Fortuna, que casualmente pasaba por aquel paraje, despertó al caminante con enojo: —¡Insensato, despierta! Mira que tan pronto des una...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Pastor y los Lobeznos”El Pastor y los Lobeznos Un pastor halló cierto día unos lobeznos y, prendándose de ellos, los crió con esmero con la esperanza de que, llegados a mayor edad, no sólo le cuidasen sus propios corderos, sino, sobre todo, que también le trajesen otros ajenos. Pero en cuanto los lobeznos crecieron lo suficiente, aprovecharon cuanta ocasión se les presentaba para hacer de las suyas en el rebaño del pastor. Al...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Leñador y el Bosque”El Leñador y el Bosque Un leñador, talando árboles del bosque, no daba descanso a sus brazos. De su empeño no escapaban abetos ni encinas, hasta que se rompió el mango de su hacha. —¡Oh, Dios, por fin habrá paz y tranquilidad en mi mundo! —exclamó el bosque. Transcurridos los días, el leñador, humildemente, rogó al bosque: —Déjame tomar una rama de este abeto para mango de mi hacha, y te prometo...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Hombre y la Culebra”El Hombre y la Culebra Un hombre, con falsas promesas, capturó una culebra y la metió en un saco, condenándola a morir. —Ser bueno con los malos es estupidez —le musitó— ¡Símbolo de la ingratitud! Voy a hacerte pedazos. Así ni tu cólera ni tus dientes podrán hacerme daño. —Si te juzgas leal, acepta que el símbolo de la ingratitud eres tú —alegó el reptil—, pues lo que llamas justicia...

Clic en la Imagen para Leer la Fábula “El Águila y la Raposa”El Águila y la Raposa Un hombre había cazado viva una águila, a la que cortó las alas, encadenándola después. Otro cazador bondadoso, que observó tan cruel escena, compró a la prisionera, la alimentó y tan pronto le crecieron las alas, la dejó en libertad. Semanas después, el águila, demostrando gratitud, se presentó a su benefactor, llevándole una liebre. —Amiga, qué tonta eres —le sermoneó...