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La Pared y el Clavo ¡Tap! ¡tap! ¡tap!… Un albañil golpeaba los clavos para introducirlos en el muro y asegurar con ellos unas maderas. En esta labor, el martillo se alegraba de lo mejor, porque sin su concurso los clavos no se introducirían en la pared. Un día, que el albañil golpeaba un clavo, la pared le dijo a éste: —Basta, ¡abusivo! ¿Puedes decirme por qué me agujereas sin piedad? Recuerda que jamás te causé daño alguno. El clavo, sorprendido por esta...